Economía política

Jugando al Monopolio de Monópolis: Una investigación del porqué nos estamos haciendo tan miserables

Por su pertinencia, se presenta a continuación una traducción de un artículo originalmente publicado en New Economic Perspectives, un blog de economistas, abogados y practicantes del mercado financiero, el 17 de mayo de 2012 (aquí, donde pueden encontrarse varios comentarios útiles), escrito por J. D. Alt. En la medida de lo posible, se mantienen los enlaces originales; en el caso de algunos enlaces rotos se ha procurado sustituirlos por una versión actualizada de los mismos o el contenido más similar. Los resaltados son añadidos.

Conviene anotar que el artículo original se encuentra escrito en el contexto de Estados Unidos de América, cuya moneda funciona también como moneda de reserva internacional. Sin embargo, constituye un ejercicio que permite entender también la política monetaria de otras economías que, como la nuestra, se enfrentan a restricciones adicionales.


Imagen proveniente del artículo original

¿Por qué parece ser que no hay suficiente dinero para pagar por las cosas que realmente necesitamos? Los encabezados están llenos de historias sobre el “problema de la deuda” de nuestra nación y de terribles advertencias sobre nuestra inminente “bancarrota”. Como un arquitecto que pasa sus horas de vigilia pensando en todo tipo de maravillosas cosas que podríamos estar construyendo, me alarma la idea de que no hay suficiente dinero para pagar por ninguna de dichas cosas. Antes de gastar más tiempo soñando, tengo que preguntarme: ¿Es eso realmente cierto? ¿Realmente somos tan pobres que no podemos hacer que un país como los Estados Unidos de América trabaje para construir las cosas que necesitamos para mantener una nación próspera?

Buscando una respuesta a mi pregunta, descubrí a un pequeño (pero en crecimiento) grupo de economistas (mire aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí) que representan a una emergente escuela de pensamiento conocida como “Teoría Monetaria Moderna” (MMT por sus siglas en inglés). Estos hombres y mujeres están intentando valientemente que todos entendamos un cambio de paradigma que ocurrió hace unos cuarenta años cuando el mundo abandonó el patrón oro. Su visión clave me impactó: Un gobierno soberano nunca está restringido de ingresos cuando es el emisor en Monopolio de su propia y pura moneda fiduciaria; tiene todo el dinero necesario para poner a sus ciudadanos a trabajar construyendo cualquier cosa – y proveyendo cualquier servicio – que desea el público (siempre que los recursos reales estén disponibles). Más notable aún, los “déficits” soberanos en la moneda fiduciaria no son más que el registro contable de los excedentes que han sido inyectados en la economía privada. Eliminar el déficit de la moneda soberana mediante políticas de austeridad, no desarrollará una economía más sana; de hecho, ¡Hará que los ciudadanos quiebren!

Si esto parece desafiar la lógica, quédese conmigo por unos minutos. Voy a proponerle un ejercicio simple que lo ayudará a “observar” esta realidad por sí mismo. Este ejercicio consiste en que simplemente juegue conmigo una partida del famoso juego familiar Monopolio. Para el final del juego espero convencerlo de que la MMT es correcta y que podríamos actuar mejor, mucho mejor – para nosotros y nuestras futuras generaciones- si entendiéramos y tomáramos ventaja de nuestro sistema monetario moderno.

Empecemos.

Jugando al Monopolio de Monópolis

Jugaremos con las reglas normales (yo sugeriré algunas características adicionales a media que vayamos avanzando); solo que por esta vez prestaremos atención especial a cuestiones específicas que van sucediendo. Por ejemplo, recordarás que antes de que empiece el juego un jugador tiene que aceptar ser el “banquero” (una tarea tediosa, pero alguien tiene que hacerlo). Sin embargo, la elección de esa persona tiene una importancia especial ahora: tiene que elegirse democráticamente, a través de la votación de los jugadores. Haremos este pequeño ejercicio ya que buscamos prestar especial atención al hecho de que el “banco” de Monopolio es una entidad creada por los propios jugadores para su beneficio mutuo. De hecho, nunca más nos referiremos al mismo como el “banco”; en cambio, podremos llamarlo nuestro “gobierno emisor de moneda” (GEM). En un sentido real, todos juntos somos “propietarios” del GEM y tomarnos un minuto para elegir democráticamente quién lo manejará, aumenta la noción de aquel hecho clave.

Para fortalecer esta noción, la siguiente cuestión que vamos a pensar; mientras preparamos el tablero del Monopolio, organizamos las tarjetas de Arca Comunal, barajamos las de Casualidad y elegimos nuestras fichas; es que lo que realmente estamos haciendo es establecer, y preparar para operar, un estado-nación miniatura. Incluso coloquémosle un nombre: Monópolis. Nosotros, los jugadores, somos los nuevos ciudadanos de Monópolis. A través de un consenso democrático ya hemos establecido nuestro gobierno emisor de moneda; ahora estamos listos para operar nuestra economía. De eso se trata el juego.

Emitir la Moneda

Mientras nos preparamos para jugar, descubrimos inmediatamente un extraño dilema: ¡El GEM tiene todo el dinero! Nosotros, los jugadores, estamos listos para iniciar, pero no podemos empezar el juego hasta que tengamos un poco de dinero del GEM. Este es un momento incómodo que solucionamos tan rápido en el Monopolio regular, que rara vez nos damos cuenta que ocurre. (El “banquero” tiene la instrucción de repartir inicialmente los $1.500 de efectivo a cada jugador). Si prestamos atención, podemos ver que este momento genera algunas importantes e interesantes preguntas.

La primera pregunta es: ¿No estamos jugando al revés? Después de todo, ¿No somos nosotros los que tenemos que entregar el dinero al gobierno antes de que éste tenga cualquier cantidad para gastar en algo?  Los políticos nos dicen esto todo el tiempo: “Tus impuestos pagarán esto o aquello”. Y, como quedará claro, al nivel local esto es ciertamente real. Pero, al nivel del Estado soberano, el juego de Monopolio nos provee la primera pista que es fundamentalmente distinto ahora de lo que habitualmente imaginamos que es.

De hecho, el GEM que hemos creado para nuestra nación Monópolis tiene exactamente el mismo propósito y exactamente el mismo poder único y especial que cualquier gobierno que emite su propia moneda soberana: Su propósito es emitir y administrar el dinero con el que vamos a jugar y el poder especial que le hemos concedido es la habilidad de crear tanto dinero como sea necesario para jugar tanto tiempo como queramos.

En efecto, las reglas del Monopolio especifican que mientras los jugadores pueden quedarse sin dinero (en el caso en que caigan en bancarrota y tengan que abandonar el juego) el “banco” del Monopolio NUNCA puede quebrar por sí mismo. En la eventual situación del juego en la que todos los billetes rosados, verdes, azules y amarillos que vienen en la caja sean absorbidos por los jugadores; el reglamento del Monopolio instruye al banquero para que saque lápiz, papel y tijeras y cree nuevo dinero como sea necesario. (Esta es la definición de “dinero fiduciario”- dinero que obtiene su aceptación simplemente por decreto).

Parece que no estamos jugando al revés después de todo. La moneda fluye desde el GEM hacia los jugadores; y cuando devolvemos una parte de ese dinero- en forma de impuestos, tarifas o multas- por lógica no es porque el GEM necesite ese dinero. De hecho, el GEM podría tomar todo el dinero que recibe (en impuestos, tarifas o multas) y simplemente despedazarlo y tirarlo: no tiene necesidad del mismo, ya que cuando necesita dinero simplemente “emite” la moneda. La primera vez que intente envolver este conjunto de ideas alrededor de mi pensamiento, mi tronco cerebral resonó con objeciones instintivas. (No estoy solo. Mire aquí).

De todas maneras, indignado como podría estar, Monopolio me obliga a saber que si quiero jugarlo tengo que aceptar el hecho de que el GEM llega a crear dinero, y tengo que usar el dinero que crea. Podría insistir de otra manera, demandando que cada jugador ponga sobre el tablero su propia reserva privada de oro y plata. De hecho, fue justo hace cuarenta años que el mundo real jugó exactamente de esta forma; y el largo historial asociado a esa experiencia es lo que implantó en nuestros tallos cerebrales el pensamiento Neandertal acerca de lo que es el dinero y como funciona. Pero a medida que se vuelve evidente (si siquiera podemos empezar) el juego procede con mucha mejor eficiencia y potencial de crecimiento económico (prosperidad para más personas) si usamos nuestra moneda fiduciaria del GEM que; a su vez, tiene una oferta ilimitada contrario a la cantidad limitada de “oro y plata” de los jugadores.

Los jugadores de Monópolis tienen Empleos

Como mencioné, al jugar Monopolio de la forma común y direccionar al “banquero” para que simplemente realice el desembolso inicial de $1.500 para cada jugador, se pasa por alto todos los problemas mencionados. Sin embargo, en nuestro juego del Monopolio de Monópolis queremos enfatizar que las personas trabajan para vivir. Por tanto, empezamos nuestro juego con un gobierno que compra lo que necesita de cada uno de los jugadores.

Por ejemplo, yo soy un arquitecto-escritor y el gobierno me paga $1.500 para redactar las reglas de Monópolis. Usted es un constructor y el gobierno le paga $2.500 para construir una red de caminos que permitirán transportar madera y materiales a las propiedades del tablero de Monopolio. La hermana Sue es administradora y el gobierno le paga $2.000 para crear la Hoja de Balance que usaremos para registrar las transacciones del juego. De esa manera, ahora todos hemos realizado un poco de trabajo, poseemos modestos montos de efectivo y estamos listos para empezar el juego. Sin embargo, antes de empezar, echemos un vistazo a la Hoja de Balance que la hermana Sue ha creado. Será importante que mantengamos esta Hoja de Balance al día y le prestemos atención en cada momento.

¡Finalmente! Estamos listos para lanzar el dado y ver quién juega primero. Mientras jugamos, notaremos que ocurren dos tipos de transacciones distintas. Un conjunto de transacciones tiene lugar entre los mismos jugadores: yo aterrizo en tu propiedad y tengo que pagarte una renta. Supongamos que aterrizo en la Avenida Vermont y te tengo que pagar $50; luego tu aterrizas en la Avenida Baltic y tienes que pagar a la hermana Sue $75; luego la hermana Sue aterriza en la Calle Charles y tiene que pagarme $150. Pensemos en estas transacciones como sucesos que se dan entre el “sector privado” y actualicemos nuestra Hoja de Balance para que luzca así:

Hay dos cosas que notar aquí. En primer lugar, las transacciones del sector privado son un juego de suma cero. Es decir, mientras el balance neto en la cuenta de cada jugador puede cambiar dependiendo de su forma de jugar, el total de estos balances netos siempre se agregará al monto total de dinero en el juego. La segunda cosa que notar (si es que no lo ha hecho todavía) es que el total de activos monetarios del sector privado -sin importar como estén distribuidos en base a la forma del juego- siempre es igual a la cuenta de débito (el “déficit”) de nuestro gobierno emisor de moneda.

Transacciones Horizontales y Verticales

Los economistas de la MMT se refieren a las transacciones entre el sector privado como transacciones “horizontales”. Estas incluyen a todas las transacciones entre los hogares, negocios, corporaciones y gobiernos locales. Las transacciones entre el sector privado y el GEM son lo que ellos llaman transacciones “verticales”.

La adquisición por parte de nuestro gobierno de los servicios míos, tuyos y de la hermana Sue fueron transacciones verticales. Podemos observar otra transacción vertical la primera vez que un jugador pasa por GO. Cuando esto ocurre, Monopolio estipula que el “banquero” tiene que pagar $200 a ese jugador. Continuará con el mismo pago cada vez que los jugadores pasen por GO a lo largo del juego.

Podemos pensar en estos “pagos de GO” como análogos a muchas cosas distintas en la economía real -el gobierno federal pagando a alguien para que corte el césped de la Casa Blanca, por ejemplo, o enviar un cheque de seguridad social a nuestra abuela. Eso realmente no importa en este punto. Sin embargo, lo que queremos notar, es lo que estas transacciones “verticales” hacen a nuestra Hoja de Balance. Supongamos que cada jugador ya ha pasado por GO:

Observamos con claridad que mientras el Sector Privado continúa siendo un juego de suma cero, las transacciones “verticales” generadas por los “pagos de GO” han incrementado dicho monto total. Y, una vez más, el nuevo monto de activos monetarios en el sector privado es exactamente igual al “déficit” de cuenta de débito de nuestro GEM. (En efecto, ¿Cómo podría haber sido distinto?).

Expandir la Economía

Ahora añadamos algunos “eventos fiscales” para hacer nuestro juego más interesante. El primer “Evento Fiscal” que propongo es la construcción de un portaviones. Es un hecho bastante conocido que a los gobiernos les gusta comprar portaviones, por lo que es enteramente razonable suponer que a nuestra pequeña nación-estado le gustaría tener uno también.

Podemos añadir un portaviones a nuestro juego exactamente de la misma manera en que el gobierno de los Estados Unidos de América añade uno a su flota: se traslada al astillero de Newport News y compra uno. En el Monopolio de Monópolis simularemos este evento pretendiendo que uno de los jugadores es el dueño del astillero- Usted, por ejemplo, ya que es el constructor entre nosotros. Usted le entrega a Monópolis su portaviones y el GEM le paga por dicho bien inyectando $10.000 en su cuenta monetaria.

Lo que vale la pena notar aquí es que esta transacción vertical ha inyectado una considerable cantidad de dinero en nuestro juego, pero ese dinero ha sido usado para construir algo que NO se agrega al inventario de cosas que los jugadores pueden comprar. Ya que ningún jugador en el sector privado tiene necesidad de un portaviones, nuestra elección de cosas en las que podemos gastar nuestro dinero aún se limita a las propiedades del tablero de Monopolio y las casas que podemos construir en ellas- solo que ahora hemos conseguido mucho más dinero para gastar en ello. En ese sentido, la decisión del gobierno de construir un portaviones, si bien pudo beneficiar a nuestra defensa nacional, no necesariamente expandió la economía de nuestro juego. Eso es algo que se debe pensar.

Regulación Gubernamental y Construcción de Códigos

Los políticos discuten bastante sobre si las regulaciones gubernamentales son buenas o malas para la economía. Sin embargo, desde al menos una perspectiva, si insertamos las regulaciones gubernamentales en nuestro Monopolio de Monópolis el resultado es sorpresivo.

Para ver esto crearemos una regulación. Debido a que nuestro juego involucra la construcción de casas y hoteles, diseñemos nuestra regulación como un Código de Construcción. Pero no cualquier Código de Construcción; sino uno grande, grueso y extremadamente detallado y complejo como cualquier Código de Construcción Internacional adoptado virtualmente por cada ciudad en los Estados Unidos. Una vez establecido, el reglamento estipula que los jugadores no podrán construir una casa o un hotel sin cumplir con los requerimientos del Código.

¿Cómo crea el gobierno tal código? De la misma manera exacta en que adquiere un portaviones: le paga a alguien para que bosqueje lo que debe ir en el Código, le paga por redactarlo, ilustrarlo y publicarlo. Me aventuraré a adivinar que un Código de Construcción Internacional probablemente cuesta casi lo mismo que un portaviones; por lo que me designo a mí mismo para ser el jugador al que le paga el gobierno por escribirlo. Después de enviar el documento, el GEM transfiere $7.500 a mi cuenta.

Aquí debemos notar que, como en el caso del portaviones, la redacción del Código de Construcción ha inyectado una suma mayor de dinero en el juego. Pero también algo más ha ocurrido: El Código de Construcción provoca que emerjan una multitud de “servicios” que los jugadores ahora necesitan y que pueden adquirir con su dinero. Estos son los servicios de expertos profesionales que están entrenados para entender el Código de Construcción (que es completamente incomprensible para alguien de ordinaria inteligencia). En nuestro juego, he designado a la hermana Sue para que provea los Servicios del Código a los otros jugadores. Como se puede ver en la Hoja de Balance, usted y yo hemos pagado a la Hermana Sue por algunos de estos servicios y lo seguiremos haciendo cada vez que añadamos una casa a alguna de nuestras propiedades.

Por tanto, a diferencia del portaviones, el Código de Construcción inyecta dinero en el juego y crea nuevas cosas para que los jugadores gasten en ellas. Así, esta regulación gubernamental particular de hecho expande la economía de nuestro juego. Esto también es algo en lo que vale la pena pensar.

Estructuras Habilitadas

El sol lleva una hora escondido y la habitación donde estamos jugando Monopolio Monópolis se ha puesto muy oscura. La hermana Sue enciende la luz y – para nuestra sorpresa- ¡No estamos solos! Mientras estábamos ocupados lanzando el dado, moviendo nuestras fichas en el tablero y contando nuestros billetes, los vecinos han venido. Están parados alrededor, apoyados contra las paredes y mirándonos con mucho interés. Están observando todas nuestras casas, hoteles y coloridos billetes. Podría asegurar, analizando la expresión de sus rostros, que quieren unirse a la diversión.

Bien por mí, salvo que existe un problema: usted, la hermana Sue y yo poseemos todas las propiedades del tablero de Monopolio.  Si los vecinos se unen al juego no existirá ninguna propiedad que ellos puedan adquirir y; sin propiedades, ellos no podrían trabajar con usted para construir una casa, ni contratarme para diseñar una, ni contratar a la hermana Sue para que interprete el Código de Construcción. Por tanto, no existe manera alguna de que ellos puedan participar en el juego.

Sin embargo, un par de estos amigos se está inclinando pronunciadamente hacia adelante, con las manos en los bolsillos de una forma que sugiere que las sacarán de los mismos en cualquier momento. Empiezo a preocuparme. Jugando con el vestido de su madre, hay un par de niños que parecen no haber comido en dos o tres días.  La hermana Sue los observa y se entristece.

De repente, se me ocurre una brillante idea y la comparto inmediatamente con los otros jugadores: El gobierno de Monópolis debería construir una serie de estructuras en el tablero que permitan crear más propiedades para que los jugadores puedan construir más casas y hoteles. Sugiero llamarlas “Estructuras Habilitadas” porque habilitarán a los vecinos para participar en el juego. Rápidamente diseño un prototipo:

Imagen proveniente del artículo original

Ahora el patrón del juego alrededor del tablero subirá a través de la Estructura Habilitante y bajará nuevamente hacia el tablero bajo. Los jugadores podrán adquirir los nuevos lotes o pagar la renta a sus dueños.

¿Cómo construirá el gobierno las Estructuras Habilitadas? De la misma manera en que compra un portaviones o un código de construcción; y me nomino a mí mismo (fue mi idea después de todo) para ser quien lleve a cabo la Habilitación de las Estructuras. Las construyo alrededor del tablero de Monopolio, efectivamente doblando la cantidad disponible de casas y hoteles que los jugadores pueden comprar. Para compensar mis esfuerzos, el GEM inyecta la suma de $8.000 en mi cuenta monetaria.

Ahora los vecinos ya pueden jugar, salvo que todavía no tienen dinero para pagar -recuerde, el mismo dilema con el que empezamos. La hermana Sue sugiere que nuestro gobierno de emisión monetaria es perfectamente capaz de pagar a cada jugador para que construya una casa en el primer “Lote Habilitado” en que aterriza; y esta preocupación de nuestro gobierno de Monópolis se convertirá en el “empujón inicial” de efectivo para empezar a jugar. Posteriormente, los nuevos jugadores pagarán la “renta” de vuelta al GEM cada vez que pasen por GO hasta que esos pagos igualen al desembolso original; cuando en ese punto se conviertan en los dueños definitivos de las casas.

¡Uf! Ahora los vecinos están en el juego y después de algunas rondas han adquirido propiedades y construido algunas casas. El juego procede como antes solo que ahora hay más de nosotros jugando; y mientras la construcción de las Estructuras Habilitadas -y el desembolso del gobierno para las primeras casas de las Estructuras- han inyectado una gran cantidad de dinero en el sector privado, también se han creado MUCHAS más cosas para que los jugadores puedan comprar y vender entre ellos: más propiedades, más casas, más servicios de construcción, más servicios de diseño y más servicios para interpretar el Código de Construcción. Eso realmente es algo en lo que vale la pena pensar.

Aquí es donde debemos prestar atención

Mientras los vecinos se involucran a profundidad en el juego construyendo casas, recibiendo rentas y pasando por GO; nuestro gobierno de emisión monetaria se acabará rápidamente el dinero que viene en la caja del Monopolio. Por tanto, para que continúe nuestro juego, tenemos que seguir las reglas del Monopolio (arriba mencionadas) que instruyen al “banquero” para que saque lápiz, papel y tijeras, y empiece a crear más dinero para satisfacer las crecientes necesidades del juego.

Probablemente existan algunos jugadores que se alarmen genuinamente por esta idea. Ellos quizás nos digan que el gobierno no puede simplemente “imprimir dinero” porque aquello provocará inevitablemente una hiperinflación; dirán que el gobierno, como todos los demás, debe “vivir por sus propios medios”. Sus acalorados criterios quizás persuadan a otras personas también; ya que, después de todo…es obvio que “imprimir dinero” y aumentar el “déficit” es el camino de la servidumbre.

La pregunta es, ¿Deberíamos escucharlos? Actualicemos nuestra Hoja de Balance y observemos. (Para encajar la Hoja de Balance en la página he combinado las transacciones de los vecinos en una única columna, he asumido que existen tres vecinos, que cada uno a reclamado un lote de Estructura Habilitada y que el GEM les ha pagado $1.500 para construir una casa en dicha propiedad; asimismo, que cada uno ha devuelto un pago de renta de $100 al GEM).

Al mirar la Hoja de Balance, es claro evidenciar que nuestro GEM continúa con “déficit”. También queda claro (especialmente desde que los vecinos se unieron al juego) que este déficit ha venido creciendo a una tasa creciente. Pero, ¿De qué manera ese déficit se convierte en “deuda” cuyos pagos nos deberían preocupar como jugadores? La Hoja de Balance muestra que el déficit del GEM no es enteramente nuestra deuda; sino simplemente un registro del dinero que ha sido emitido en nuestro juego. ¿Y dónde termina todo ese “gasto deficitario”? Mire nuevamente la hoja de balance: está en las cuentas y activos de los mismos jugadores.

Quizás deberíamos pensar en algún otro nombre

Yo me preocupo cuando mi cuenta bancaria personal está en “déficit”. También deberíamos preocuparnos cuando una ciudad o un estado tiene un “déficit”, ya que no les hemos otorgado a nuestros gobiernos “locales” el poder de emitir moneda (como el resto de jugadores, ellos son los usuarios de la moneda).  Cuando sus arcas están vacías, ellos deben tomar duras decisiones y reducir sus gastos. Pero cuando decimos que nuestro gobierno soberano tiene un “déficit” creciente; nos engañamos a nosotros mismo al pensar en la palabra como si se tratase de nuestras propias cuentas bancarias. Lo que el Monopolio de Monópolis nos está mostrando es que nuestro “déficit” soberano es de hecho la contabilización de una hoja de balance de nuestra propia riqueza financiera. ¡Y es un hecho misterioso el porqué nos gustaría reducirlo!

La MMT versus la Economía Neanderthal

De hecho, solo existe una razón por la que nos gustaría hacernos miserables a nosotros mismo al imponernos arbitrarias reglas presupuestarias o austeridad fiscal en nuestro juego: porque aún creemos que estamos operando bajo las reglas de lo que ahora podría llamarse “Economía Neanderthal”, que sostiene algo así (NdT: una referencia desde el Observatorio de la Dolarización se puede encontrar aquí y aquí):

“Debemos adherirnos a los principios del “dinero sano”; ya que, si no lo hacemos, nuestros ciudadanos abandonarán su fe en la moneda y empezarán a convertirla en oro. Para evitar que esto suceda el soberano debe gastar solo lo que toma. Si intenta gastar demasiado, sus reservas de oro se agotarán y caerá en la bancarrota como cualquier otra persona”

Y qué tal si, creyendo esto, ¿Decidimos eliminar el déficit y empezar a tener excedentes? Bueno, en ese caso es obvio que nuestro Monopolio de Monópolis terminaría rápidamente: Nuestro GEM tendría nuevamente todo nuestro dinero, pero los jugadores no tendrían nada con qué jugar. En ese punto, quizás deberíamos empacar bien todo dentro de la caja del Monopolio y ponerla de vuelta en el estante de la despensa.

Un jugador astuto objetará que hemos dejado fuera muchas cosas para que nuestro juego realmente indique algo: Banca privada, por ejemplo, o el manejo de la inflación, o los bonos y las tasas de interés (si la Fed no “necesita” dinero, ¿Por qué parece que pide prestado mucho?) Podemos añadir esas cuestiones la próxima vez que juguemos Monópolis; sin embargo, no cambiarán las nociones básicas de la MMT que nuestra versión simple del juego ha revelado:

Una sociedad con una moneda fiduciaria soberana puede construir cualquier cosa u obtener cualquier servicio que considera necesario o deseable; siempre y cuando los ciudadanos de esa sociedad estén dispuestos a construir el objeto o proveer el servicio a cambio de dinero fiduciario. El déficit soberano, sin importar qué tanto crezca, no es igual al déficit de tu propia cuenta bancaria: es el registro de la hoja de balance del dinero que se transfirió a nuestro lado del libro mayor.

Creo que las implicaciones de esto son simplemente asombrosas.

J.D.ALT 5-16-12

Esta es una continuación de las ideas desarrolladas por primera vez en la novela “El Arquitecto Que No Podía Cantar” (disponible en Amazon.com o iBooks). Fue incitado el 18 de febrero del 2012 en un artículo del Washington Post de Dylan Matthews, Modern Monetary Theory, an unconventional take on economic strategy, y subsecuentemente fue informado por los escritos de L. Randall Wray (Understanding Modern Money, Edward Elgar Publishing Limited) y el escrito de Stephanie Kelton, Profesora Asociada de Economía en la Universidad de Missouri-Kansas City.

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