Balanza de pagos, Economía política

Entrevista en archivos: la liquidez en el Ecuador

El siguiente texto es un extracto de las ideas expresadas en una entrevista en UTC Radio el día 17 de febrero de 2020. Se reproduce en este espacio como un aporte a entender la situación del país a las puertas de enfrentarse a la COVID-19.

Situación del Ecuador a 2020

Si uno observa los datos de cuentas nacionales del Ecuador, casi todos los sectores se encuentran estancados, y los más afectados son precisamente los manufactureros e industriales (incluido construcción).

Si uno observa los indicadores laborales, seguimiento que se debe agradecer mucho a la “Unidad de Análisis y Estudios de Coyuntura” de la Universidad Central, el índice de precarización laboral es el mayor de último nueve años. Eso es el reflejo de detalles como que nuestro indicador de trabajo infantil es el mayor desde 2007 o que el empleo adecuado a nivel nacional ha disminuido en el último año mientras ha aumentado el subempleo. En la misma línea, la tasa de empleo adecuado en el área rural disminuyó 7 puntos porcentuales en dos años. En el mismo sector rural la tasa de pobreza multidimensional ya se encuentra por encima del 70%.

Por eso sorprende que se emitieran en cadena nacional declaraciones de funcionarios y autoridades de un país extranjero elogiando las medidas económicas, entre otras, actuales. También sorprende que un Ministro, o representante de alguna cámara de empresariado nacional, que ahora realmente ya no se puede distinguir si son lo uno o lo otro, asegure que el camino para el empleo adecuado es la expansión del sector comercial.

El papel de la liquidez

En un artículo de opinión de León Roldós, del 10 de febrero, se hace mención que el impago es generalizado en todos los niveles de gobierno. Aparentemente es por falta de liquidez.

Esta es una imprecisión, porque la liquidez, para el Estado, no es un inventario, no es una cajita de recursos, es un flujo, y, por tanto, no se puede hablar de existencias o inexistencias de liquidez, sino de una inadecuada o inexistente gestión de la liquidez. Por eso es que se escucha que el gobierno pretende pagar con bonos (ojalá no se les ocurra pagar con otros activos en dación de pago, porque eso puede ser legalmente muy observable): eso es signo de una inadecuada gestión de pago.

Si inundo la economía de bonos, lo que hago es que las entidades financieras utilicen mayores márgenes de descuento, es decir que el proveedor a quien le pagaron con bonos se vea más penalizado. Lo único que se logra es que un problema de gestión de liquidez se convierta en un problema para la economía real, para el productor real. Seguramente es por eso que a enero de este año se registró una inflación anual negativa, insisto, negativa, lo que significa que ahora es el sector productivo el que no tiene liquidez y prefiere intentar vender sus productos a lo que pueda para pagar sus deudas. En diciembre del anterior año salía la noticia de que el 40% de los padres de familia en Guayaquil se encontraban en mora en las pensiones de los colegios de sus hijos. Para el sector productivo, y mientras más productivo, la liquidez se asemeja más a un inventario que a un flujo, precisamente porque sus activos se encuentran destinados a la producción y no se puede dar el lujo de financiarizarlos para adquirir liquidez.

Adicionalmente, por el otro lado, puede haber una acumulación de bonos en ciertas entidades financieras, que después utilicen esos bonos para chantajear al Estado o que cabildeen para garantizar que el pago de los bonos sea priorizado por encima del gasto social. Esto no es nuevo, es precisamente lo que sucedió en los 90s y a principios del siglo XXI, antes de la recompra de deuda de 2008.

Acerca de los responsables

La “LEY ORGÁNICA PARA EL FOMENTO PRODUCTIVO, ATRACCIÓN DEINVERSIONES, GENERACIÓN DE EMPLEO, Y ESTABILIDAD Y EQUILIBRIO FISCAL”, cariñosamente bautizada como “Trole 3” constituye una serie de mutilaciones de herramientas de gestión de liquidez. Esto adicional a una gran cantidad de aberraciones pseudo-académicas que justifican un conjunto de decisiones que eluden sistemáticamente la gestión de la liquidez nacional, por ejemplo, la muerte del dinero electrónico.

Por tanto, el principal culpable sería cada asambleísta que haya votado a favor de la Ley de “Fomento Productivo”; el segundo principal es quien la propuso. Desde varios sectores académicos se advirtió de esto mientras se debatía la Ley. Al asambleísta que de buena fe votó a favor de la Ley de Fomento Productivo, le recomendaría que revise la ley, particularmente las transitorias décimo primera y décimo segunda, y se pregunte la relación de esos articulados con la situación actual.

El ejemplo más simple de otras herramientas que se pudo haber utilizado para evitar “el problema de la liquidez” es que el Estado mismo hubiese negociado los bonos, a su valor nominal, con la banca pública de desarrollo (a la cual, contrario a lo que nos han dicho, le interesa y mucho tener ese tipo de inversiones) para pagar sin penalización alguna a los proveedores. El sector real no tiene razones para verse afectado. Por supuesto, hay muchas otras herramientas: notas tributarias (que tienen un descuento mucho menor al de los bonos), certificados de tesorería, inversión doméstica… los impuestos también son, antes que fuentes de recursos, herramientas de gestión de la liquidez.

La gestión de la banca de desarrollo, en particular del BIESS, es una herramienta fundamental de gestión de la liquidez. Lo peor que nos podría suceder es que esta liquidez se encuentre, súbitamente, gestionada por una banca privada que ya nos privó de otra herramienta, como era el dinero electrónico. Y el BIESS ya es mencionado en un acuerdo con el Banco Mundial en este sentido. Hay que estar atentos.

Existieron advertencias previas

En el Observatorio de la Dolarización hemos escrito varios artículos advirtiendo de esta situación: en un artículo llamado “Y qué importan cuatro días de liquidez”, de mediados de 2018 (hace cerca de dos años), ya se advertía del efecto dominó de los retrasos en los pagos a los funcionarios públicos. En una serie de artículos denominados “Bases normativas e institucionales para la gestión de la liquidez en dolarización”, muy bien escritos por Andrés Chiriboga, tenemos una excelente referencia de cómo se debe manejar la liquidez en dolarización.

¿A qué parecen apostarle las autoridades? Hay pescadores a río revuelto

Aquí hay algo que debe mencionarse, a manera de paréntesis, de forma categórica: una adecuada gestión de la liquidez requiere de controles del flujo de capitales, lo cual a muchos les sonará a proteccionismo, pero lo cierto es que hasta el FMI lo acepta desde, al menos, el 2012. Opiniones en contrario se encuentran siempre relacionadas a ese terra-planismo económico que algunos llaman libertarianismo u ordoliberalismo.

Pero decíamos que hay pescadores a río revuelto. En efecto, si se genera ese ambiente de “falta de liquidez” que, insisto, no es más que la mala gestión de la liquidez, es normal que se procure legitimar opciones de “atracción de liquidez” que, de otra forma, serían justamente cuestionadas. Una de ellas son las privatizaciones, la otra es la reducción de “obstáculos comerciales” y la tercera es la atracción de inversión extranjera. Veremos qué más se quiere justificar, pero estos tres elementos que he mencionado coinciden con la visita del Presidente Moreno a Estados Unidos:

Adicionalmente, ya habíamos mencionado la necesidad de controles a los flujos de capitales: hay que mencionar que existen territorios dentro de Estados Unidos que funcionan como paraísos fiscales, a donde fluyen considerables recursos desde el Ecuador (alrededor del 80% de lo que sale del país va hacia Estados Unidos).

A todo esto conviene mencionar a los otros pescadores usuales: no se entiende cómo, pero proponen que se mejore la gestión de la liquidez a través de la reducción de impuestos, reducción de aranceles, desregulación…sucede que se viene advirtiendo desde hace dos años que las autoridades económicas deben actuar de forma contracíclica, pero los gurús de la autorregulación siguen proponiendo políticas económicas procíclicas: hay quienes desean ver el mundo arder, definitivamente.

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