Cartas al editor

Cartas al editor: carta de un servidor público

A continuación, por su importancia y oportunidad, ponemos a conocimiento de nuestros lectores una carta que nos llegó el día de ayer de forma anónima por parte de un servidor público. La mayoría de hipervínculos corresponden al original, otros han sido añadidos en el lugar en el que aportaban a ejemplificar el texto.

Hace casi dos meses (21 de agosto) Erik Mozo se preguntaba a través de Twitter: si 60.000 servidores públicos perderán su trabajo, ¿por qué no se reúnen y enfrentan la medida?, lo cual me llevaba a las siguientes reflexiones:

  1. Somos orgánicos, solemos desarrollar nuestras actividades en función de creer (errados o no) que contamos con una autoridad legítima dirigiéndonos.
  2. En los últimos tres años se nos ha dicho, sistemáticamente, que todo lo que hicimos y trabajamos durante los anteriores 10 años no valió de nada.
  3. En los últimos tres años pasamos de recibir constantes reconocimientos internacionales por nuestro trabajo durante cerca de una década (por ejemplo, por el Sistema Nacional de Información, por el Programa de Aulas Móviles, por las políticas energéticas para mitigar el cambio climático, por sus políticas públicas de salud, entre otros) a requerir colaboración de todo tipo de instancias internacionales, inclusive en contra de toda recomendación técnica.
  4. En el último lustro hemos visto que algunos de nuestros compañeros no han tenido reparo en trabajar para, y hasta representar a, empresas y gremios a los que se suponía antes regulaban y controlaban. Algunos de ellos han llegado, incluso, a criticar abiertamente decisiones de las que tomaron parte activamente, sin ningún tipo de autocrítica.
  5. Constantemente se nos ha tratado como parásitos de la sociedad, como costos a ser eliminados, cuando nuestro trabajo facilita (muchas veces posibilita) el trabajo de la empresa privada, genera la provisión eficiente de algunos bienes y garantiza el goce de derechos.
  6. Estábamos acostumbrados a tener autoridades competentes (con las que no siempre estábamos de acuerdo, pero eran técnicamente solventes), y ahora nos enfrentamos a autoridades que actúan con ignorancia y, las más de las veces, ni siquiera comprenden los rudimentos de su área.
  7. Nuestra preocupación principal no es “cuidar el puesto” (lo cual es humanamente entendible, pero no es el caso), sino que la inestabilidad de los servidores públicos provoca corrupción, ineficiencias y el deterioro de la institucionalidad en general. Con la flexibilidad laboral en el sector público, lo descrito en el punto 4 puede agravarse, en favor de los intereses privados pero en desmedro del bien común.
  8. Finalmente, somos servidores de una sociedad. Si esa sociedad, de la que también formamos parte, no reacciona, nuestros esfuerzos no pueden rebasar el marco orgánico al que hacía referencia el punto 1. No podemos ir contra una autoridad que es tácitamente defendida por la sociedad. No somos ninguna élite, sino meros servidores, y si la sociedad no despierta, nos corresponde seguir su mismo destino.

Hasta entonces, pensaba, podríamos unirnos, y enfrentar la medida puntual, pero si fuésemos “exitosos” en ello, habríamos actuado en contra de lo expresado en el punto 7, habríamos vendido nuestras conciencias y habríamos traicionado a aquellos para los que realmente trabajamos. Eso es algo a lo que personalmente no estoy dispuesto.

Ahora el asunto ha cambiado, con las reformas económicas anunciadas por el señor Presidente el día de ayer, no se ha metido sólo con los funcionarios públicos (en el ámbito personal es preocupante, pero es lo de menos, aunque sea lo más anunciado por los medios), terminó de meterse contra todo lo trabajado, y de eso los medios hablan poco o nada. Suprimiendo las retenciones en la fuente y el anticipo de impuesto a la renta elimina una de las principales bases que nutren el control tributario y una medida de control de flujo de caja, aprobando el “drawback” automático beneficia a exportadores cuyo aporte real a la generación de divisas es debatible (¿cómo se controla la subfacturación?), impulsa una modalidad de teletrabajo que permitiría extender la jornada laboral hasta 16 horas diarias, los ataques al ISD no hacen más que aumentar la vulnerabilidad de la cuenta corriente a la volatilidad de los capitales externos, elimina los subsidios a los combustibles de forma abrupta reduciendo los ingresos reales de todos sin posibilidad de una reorganización de la economía hacia energías renovables, el aporte de las empresas con ingresos superiores a USD 10 millones no son más que un IVA camuflado. Ni qué decir de otras medidas aún no detalladas como los contratos de emprendimiento. Y hay levantamientos en distintos lugares del país y convocatorias a movilizaciones nacionales. Hoy, la legitimidad de la autoridad está en duda. Hoy, como servidor público me siento llamado a unirme a quienes servimos, sin descuidar las obligaciones para con ellos, pero firme y pacífico desconociendo a quien ha abusado del encargo que todos juntos le dimos el 24 de mayo de 2017.

Atentamente,

Un servidor público

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