Banca y crédito, Desarrollo y producción, Economía política

Somos todos como bancos

Para Hyman Minsky, todos los cuerpos sociales actuamos, de cierta forma, como bancos. Permítanme explicarlo.

En un tiempo determinado todos tenemos unos ingresos esperados y unas obligaciones por pagar.

¿Cómo funciona un banco?

Un banco funciona a través de emitir dinero y jugar con el tiempo entre el dinero que espera recibir y el dinero que debe entregar. Dinero que recibe de los préstamos que ha otorgado, con sus intereses (activos) y dinero que debe pagar de los depósitos e inversiones que ha recibido, con sus intereses (pasivos). De tal forma que el balance de un banco se ve, de forma muy resumida, así:

Banco

Juega con el tiempo porque los depósitos a la vista son dinero que debe estar disponible todos los días, mientras que los créditos a largo plazo es dinero que ingresa lentamente, por pagos en días específicos. En este sentido, esta relación entre activos y pasivos se parece a un flujo de agua en un tanque: hay dinero que ingresa producto del uso de activos, y hay dinero que sale por demanda de los pasivos. El trabajo del banco es controlar este flujo para que siempre esté disponible el dinero necesario para cubrir las demandas de sus depositantes; para ello tomará en cuenta también las probabilidades de mora y las probabilidades de que sus clientes utilicen distintos medios de pago o decidan mantener su dinero parqueado en la cuenta.

Flujo de agua a tanque

De tal forma que, si prevé que sus depositantes van a retirar USD 100 el día de mañana, debe contar con ese mismo dinero, probablemente recibiendo USD 100 de los cobros de los distintos créditos. Si prevé que no lo va a lograr, debe jugar con sus activos y pasivos: puede disminuir la retirada de fondos (por ejemplo, poniendo dos cajeros en ventanilla en lugar de ocho, para disuadir a aquellos que no tienen paciencia), motivar que sus depositantes dejen su dinero parqueado (por ejemplo, con planes de ahorro futuro), solicitar crédito a otros bancos (aumentando el plazo de sus obligaciones) o transferirles cartera a largo plazo a cambio de liquidez inmediata.

Una empresa:

Con la empresa pasa igual. Tiene ingresos esperados producto de las ventas a sus clientes frecuentes (con los que ha firmado contrato), cuentas por cobrar de los créditos que ha dado a sus clientes de confianza. Tiene egresos esperados por los sueldos y salarios, las comprar recurrentes que tiene que realizar a sus proveedores de materia prima (con los que tiene contrato), los créditos que le han dado sus proveedores más pacientes y los créditos que sacó para comprar nueva maquinaria.

Empresa

La empresa también puede jugar con sus activos y pasivos, por ejemplo, puede vender sus acciones, o puede decidir hacer más rígida su política de créditos a clientes, o, si tiene una posición ventajosa en el mercado, abusar de sus proveedores imponiéndoles ventas a crédito.

Una familia:

Algo parecido sucede con una familia. Una familia tiene ingresos esperados (casi siempre, salarios), y tiene cuentas por pagar, que incluyen el arriendo, las pensiones de escuelas y colegios, los servicios básicos, probablemente el pago de un crédito; también sabe que tiene que comprar comida, y aunque no tenga un presupuesto exacto, tiene una idea de lo que va a gastar.

Puede ser que esta casa también tenga otro tipo de activos, como depósitos en póliza, u otros diseñados para activarse ante eventos inesperados, como seguros de salud. Obviaremos estos últimos, así como los gastos imprevistos.

En general, el balance de una familia se podría ver así:

Familia

 

De la misma manera que el banco, si no alcanzamos a cubrir los pagos en las fechas que nos tocan, tenemos que jugar con nuestros activos y pasivos: pedir fiado a Dn. Joaquín para alcanzar a pagar las pensiones, dejar de pagar la tarjeta de crédito este mes sabiendo que se acumularán los intereses, o pedirle al primo José que nos pague antes lo que nos debe, aunque no nos pague completo.

La emisión

Hasta el momento, hemos visto con dos ejemplos cómo es que, de forma similar a los bancos, jugamos con los tiempos en función de los activos y los pasivos con los que contamos. Pero, hemos dicho que los bancos también pueden emitir dinero, y realmente todas las estructuras pueden (podemos) emitir dinero.

Vamos en el orden inverso al que empezamos:

Supongamos que realmente ya no tenemos un centavo, pero necesitamos comprar comida para la cena. Nos acercamos a la tienda de Dn. Joaquín y le pedimos fiado. Dn. Joaquín accede de buena gana, sólo nos pide que firmemos en un papel que le vamos a pagar, sabiendo que le pagaremos la próxima semana, apenas nos depositen nuestro salario. En efecto, todo el mundo en el barrio sabe que somos buenos pagadores, así que, cuando el sastre se acerca donde Dn. Joaquín a pedirle que le pague por el arreglo de sus chaquetas, este le entrega el papel que le hemos firmado. El sastre está contento sabiendo que la próxima semana tendrá su dinero. Lastimosamente no le puede entregar ese papel a su proveedor de hilos, así que hasta ahí llega el poder del papelito firmado. Pero el papelito sirvió para que dos personas realizaran transacciones, ¿verdad? El sastre timbrará la próxima semana en nuestra puerta para que le paguemos lo adeudado.

Ahora veamos lo que puede pasar en la empresa. Supongamos que es una empresa no tan pequeña, conocida en todo el pueblo y que realiza zapatos de muy buena calidad. Este mes, aunque ha sido bueno en ventas, todas han sido a crédito y no cuenta con liquidez para pagar a su proveedor, Dn. Benito, que le arrienda el local. Por suerte el dueño de la empresa tiene una relación de confianza con Dn. Benito, parecida a la que tenemos con Dn. Joaquín, y le propone un trato: le paga lo que le debe con 100 tickets, cada uno válido por un par de zapatos. Dn. Benito acepta, y recibe los 100 tickets. Se queda con 6 para su esposa y sus hijos, pero ¿qué hará con los restantes 94? Decide hacer lo mismo que el zapatero: como sabe que los zapatos son apreciados en todo el pueblo, puede usar esos 94 papelitos para pagar las cuentas con aquellos que lo acepten de buena gana. De hecho, muchos lo aceptan, no todos porque quieran zapatos, sino porque conocen a otra persona que aceptaría esos tickets como parte de pago. Nuestro zapatero, sin pensarlo, ha respaldado con su producción una cantidad no despreciable de transacciones, y ahora hay tickets por todo el pueblo. Preveyendo que quizás todos quieran venir la próxima semana a retirar sus zapatos, y que quizás no cuente con los 100 pares, decide aceptar también sus tickets como parte de pago y guardarlos o volverlos a usar para pagar otras deudas en el futuro. Además le ha permitido garantizar clientes y planificar su producción: Dn. Benito compró los 6 pares de zapatos en su tienda, mientras que si le hubiese pagado en dólares, pudo haber ido a cualquier tienda de zapatos. Todo esto le funcionará muy bien mientras haya quienes necesiten zapatos. Lástima que no pueda usar estos tickets para pagar a sus proveedores de cuero, que viven en la ciudad, donde no conocen sus zapatos.

Imaginen si nuestro zapatero ofreciera una gran cantidad de bienes perecibles, que la gente compra todo el tiempo, tuviera sucursales y fuera muy conocido en todo el país.

Un banco puede hacer lo mismo, pero a una escala muchísimo mayor, y puede jugar mucho más con los tiempos y sus activos y pasivos. Cuando usted deposita un monto en su cuenta de banco, entrega efectivo, pero el banco sólo le da un papel impreso en el que consta que tiene ese dinero en su cuenta y que el banco se lo debe dar cuando lo pida; quizás ni siquiera le dé un papelito, sino que usted deba entra a una página de internet para ver el saldo de su cuenta. Supongamos que usted depositó USD 100. Supongamos que al siguiente minuto llega otra persona solicitando un crédito de USD 100. El banco se los da encantado de hacer un buen negocio. Lo operativiza depositando USD 100 en la cuenta de este nuevo cliente. Pero espera un segundo!, sólo había USD 100 en efectivo depositados, y ahora aparecen USD 200 en los depósitos totales del banco. Y el banco no dudará dos veces antes de volver a hacer un buen negocio prestando USD 200. De hecho, el banco podría ver la posibilidad de dar créditos mucho mayores. Lo único que tiene que hacer es garantizar que tendrá efectivo cuando cualquiera de estos depositantes se lo pida. Para evitar que le pidan efectivo, probablemente les facilita una tarjeta de débito, o una infinidad de canales electrónicos. Probablemente también dificulte que le pidan efectivo por ventanilla, teniendo poca gente atendiendo, o teniendo pocas sucursales inmensas pero ineficientes.

Los bancos crean dinero de la nada, sólo depositando en cuentas y otorgando créditos. No se alerte, no es tan distinto a lo que hicimos con Dn. Joaquín o a lo que hizo nuestro vendedor de zapatos con todo su pueblo. Pero los bancos lo hacen a escalas mucho mayores porque pueden jugar mucho mejor con sus tiempos y sus activos y pasivos. Esto puede ser muy beneficioso para la sociedad, si es que, como en los casos anteriores, sirve para cubrir necesidades o incentivar la producción; o puede ser muy perverso, si es que, por ejemplo, sólo sirve para incentivar el consumo de bienes suntuarios. De la misma forma en la que nuestro vendedor de zapatos motivó que le compren a él y no a otros, imaginemos que los bancos, con su poder de emisión, privilegien el otorgar créditos para el consumo de automóviles en ciudades atoradas por el tráfico por sobre la inversión en maquinaria en un sector agrícola que requiere de la mecanización para mejorar su productividad.

Verdaderamente, todos somos como bancos

“Todos pueden crear dinero, el problema es lograr que lo acepten” Hyman Minsky (1986)

Como hemos visto, todos somos como bancos, en distinta dimensión y alcance. Desde la perspectiva de organizarnos para la producción o la satisfacción de necesidades, esto puede ser muy beneficioso, pero al mismo tiempo nos alerta de la necesidad de cumplir nuestras obligaciones a tiempo para que el resto de actores puedan también cumplir en una cadena de transacciones que promueve la producción y el empleo. Finalmente, nos alerta también de los usos perversos que se pueden dar a esta cualidad, como mecanismo para capturar mercado, promover consumo suntuario o desestabilizar el sistema.

 

 

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